Esta mañana echaba un vistazo al País en su edición digital, y descubría este artículo sobre adopción internacional.
Como madre adoptiva me siento identificada con los protagonistas de esta historia, y entiendo como pueden sentirse todas las partes implicadas.
Lo que resulta deplorable a día de hoy es que se permita contemplar la adopción como un negocio. Permitir que los gobiernos trafiquen con las vidas de los menores, provoca irregularidades y situaciones como las que se contemplan en el caso de las adopciones nepalesas. La adopción es básicamente un acto de amor en el que no debería haber perjudicados sino beneficiados y como acto de amor debería ser gratuito y voluntario, pero lamentablemente los gobiernos juegan con la necesidad de los padres biológicos, la necesidad de los padres adoptivos, y ponen como excusa el bienestar de los menores para justificar las compensaciones economicas, que todos daríamos por bien empleadas si se utilizaran para mejorar la calidad de vida de uno sólo de esos niños, o de esas familias.
En el caso de las familias nepalesas que a día de hoy reclaman a sus hijos, ese acto de amor que debería ser la adopción, se convierte en puro comercio, que destroza la vida de los padres biológicos, la de los padres adoptivos, y lo más importante perjudica seriamente a los menores afectados. Los padres adoptivos llamamos a nuestros pequeños "hijos del corazón", y eso es en definitiva lo que deberían ser.
En nuestras manos está luchar para evitar que esas situaciones se produzcan. La denuncia de las mismas es sin duda el primer paso para acabar con ellas.
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